Las creencias.

Unos niños juegan a la pelota en un parque. A su lado, los padres conversan entre ellos sin quitarles ojo. Patada por aquí, rebote por allá, la pelota va y viene sin mucho sentido, pasa cerca de un banco donde unos señores disfrutan mirando jugar a los pequeños. "Niños, no molestéis", dice uno de los padres. La escena, con pelota o sin ella, puede repetirse en la cola del supermercado, en una sala de espera, o en cualquier otro lugar, y suele terminar con la frase "niño, no molestes".


Sirva esto como un ejemplo para ilustrar la cuestión de las creencias y la importancia de su transmisión a los hijos, ya sea con más o con menos consciencia por parte de los padres.

Si a lo largo de la vida el cerebro siempre está aprendiendo porque no puede evitarlo, imaginen el de los niños, que reciben y absorben absolutamente todo. En ese proceso de aprendizaje, comienzan a instalarse en su mente los programas automáticos que regirán sus pautas de comportamiento. Y las palabras, los mandatos, que a los padres pueden parecerles intrascendentes, pueden marcarse a fuego en los niños, porque lo que quieren es el amor de sus padres en forma de aprobación y atención y por tanto, obedecen.

Lo que para un padre puede no tener importancia, puede ser un punto de inflexión en el desarrollo de la personalidad de un niño.


No siempre sabemos cómo funcionan en nosotros, ya de adultos, las creencias que hemos ido adquiriendo, porque muchas veces no sabemos ni siquiera que están ahí, no sabemos cómo han llegado ni cuán profundamente se han instalado en nuestro subconsciente. Y a pesar de todo, están dirigiendo nuestras vidas. Creencias sobre asuntos sobre los que ni reflexionamos, porque "son así y punto". Creencias sobre si "lo merezco", sobre si "soy válido", sobre lo que para mí es el amor y cómo lo vivo, sobre la relación con el dinero, sobre si "yo puedo", sobre si "lo tengo que hacer perfecto", sobre si "no hay límites", sobre si "es mejor no molestar"… y así, todas las que se nos puedan ocurrir.


A pesar de todo el amor que los padres sienten por sus hijos, es difícil acertar en todo, puesto que no vienen con un manual de instrucciones al que recurrir. Además, en la vida de todo hijo llega un momento en el que los padres pierden su capacidad de influencia, al verse el niño inmerso en otro mundo, bombardeado por la publicidad, los video juegos, su círculo de amigos, las convenciones sociales en las que comienza a participar. Sólo el tiempo podrá decir si más o menos "se acertó".


No creo adecuado hablar sobre creencias positivas o creencias negativas puesto que al final su valoración depende de la interpretación de cada uno, sino de creencias que posibilitan o que limitan. Una creencia limitadora es toda aquella que pone barreas en el desarrollo personal, que incorpora miedos, que genera desconfianza. Por ejemplo, exigir la perfección puede desencadenar una creencia de "no valgo" puesto que la perfección es subjetiva y dificilmente alcanzable.

Retomando el ejemplo inicial, cuando a un niño los padres le dicen de forma sistemática "niño, no molestes", el niño adquiere ese aprendizaje y en un futuro es posible que tenga dificultades para ser asertivo y conseguir sus deseos "por miedo a molestar". Esto no quiere decir que haya que dejar al niño hacer lo que le venga en gana, sino que ese "niño no molestes" ha de convertirse en otro tipo de explicaciones adecuadas a cada situación tomando como base valores con afirmaciones y no con negaciones.


Es cierto que esto requiere por parte de los padres un intenso trabajo que podríamos resumir en los siguientes puntos:

  • Primero, revisar sus propias creencias.

  • Determinar cuáles les han sido útiles y posibilitadoras y cuáles no.

  • Estar atentos y ser conscientes de las creencias que transmiten a sus hijos.

  • Revisar sus herramientas para educar.


Las creencias son la programación automática de nuestras mentes, las que rigen nuestro comportamiento, las decisiones que tomamos y la forma en que nos relacionamos. Por esto, es importante que los padres presten especial atención a las creencias que están transmitiendo a sus hijos pues conformarán buena parte de su personalidad.


Cuando no terminamos de estar contentos con lo que nos ocurre, cuando encontramos contínuamente una barrera que no somos capaces de superar para alcanzar aquello que deseamos, es muy posible que en el subconsciente esté trabajando una creencia que nos sabotea en el camino de nuestro objetivo.

El coaching es una herramienta eficaz para detectar y cambiar creencias limitantes.Si los padres están preocupados por un determinado comportamiento en su hijo, antes de buscar una intervención en el niño, pueden preguntarse por las causas de tal comportamiento y su responsabilidad como modelos de sus hijos. Seguramente si los padres realizan un cambio significativo, lo verán reflejado en sus hijos.

Como decía Einstein “locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.”


Como padre/madre, ¿has pensado en las creencias que estás transmitiendo a tus hijos de forma inconsciente?

 Pepe Travesí Sanz

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