¿Cómo te ayudo?

Permitidme que os narre un cuento:

En un pueblo, más bien una aldea, en África, vivía desde hace muchos, muchos años una tribu que había permanecido fiel a sus costumbres y tradiciones. Con sus penas y sus alegrías, sus necesidades y satisfacciones transcurrían sus dias.

Los hombres salían a cazar durante días, no podían volver con las manos vacías. Acechaban a su presa durante varias jornadas y le disparaban flechas envenenadas. Una vez alcanzada la presa, tenían que seguir su rastro esperando a que muriese, y después cargar con ella hasta el poblado.


Rwandan Children

Las mujeres, mientras tanto, se encargaban de los niños y el cuidado de la aldea, preparaban alimentos, molían grano, recorrían, dirección norte, cinco kilómetros hasta llegar a una pequeña poza donde cogían agua. Allí, mientras llenaban sus cántaros, charlaban, intercambiaban noticias, frutas, verduras, y otros productos de primera necesidad con mujeres de aldeas vecinas. Cuando algún miembro enfermaba tenían que recorrer, dirección sur, quince kilómetros hasta el único dispensario donde había un médico de forma permanente.





Vinieron unos hombres blancos con muchas ganas de ayudar a los habitantes de las aldeas que se encontraban a su paso, habían recorrido muchos kilómetros para llegar a aquella población tan lejana. A los pocos días de estar allí, vieron que las mujeres tenían que recorrer muchos kilómetros para traer agua y decidieron que les construirían un pozo.

Comenzaron a hacer llamadas y moverse mucho, de un lado para otro con innumerables aparatos tecnológicos hasta que localizaron el mejor punto para extraer agua. Trajeron una máquina, que para asombro de todos los miembros de la aldea, comenzó a cavar y cavar hasta que después de unas semanas brotó agua del suelo.

Volcanic Water

Los hombres blancos estaban muy contentos y pensaron que les podría venir bien crear un abrevadero para el ganado, así que volvieron a hacer llamadas, moverse de acá para allá hasta que construyeron el abrevadero, que recibía el agua por medio de una bomba manual. Viendo su obra terminada, los hombres blancos, muy contentos, se fueron del pueblo, camino de otra aldea a la que poder ayudar.

Pasaron los años y los hombres blancos que construyeron el pozo y el abrevadero para el ganado, volvieron a pasar por aquella aldea para ver cómo había mejorado la vida de aquellas personas a las que habían ayudado. Cuál fue su sorpresa cuando vieron que el abrevadero no tenía agua y que el pozo se había secado. Se enfadaron mucho, pues todo su esfuerzo se había echado a perder y veían que no había servido de nada. Decidieron comunicar su enfado al jefe de la tribu y pedir explicaciones. No había derecho a que, después de todo el trabajo realizado, el pozo no sirviese de nada.

Se sentaron con el jefe de la tribu y le expusieron sus quejas, a lo que el jefe les contestó que ellos eran una tribu de cazadores, por lo que no tienen ganado y que por tanto el abrevadero no era necesario. Las mujeres recorrían cinco kilómetros porque además de agua recibían las noticias de lo que pasaba en otras tribus y así establecían una red de comunicación entre las aldeas que era vital para su subsistencia. También intercambiaban productos que necesitaban y que no podían conseguir de otra manera, por lo que el viaje lo tenían que hacer de todas maneras. Lo que sí les hubiese venido muy bien era un dispensario para que viniese el médico semanalmente, porque el trayecto de quince kilómetros cuando alguien enfermaba era muy duro.

“Ustedes no nos preguntaron”, finalizo el jefe de la tribu.

Smiling Rwandan Child

El deseo de ayudar es inherente a la bondad humana, estamos dispuestos a echar una mano, a ayudar a quienes lo necesitan. Ahora bien, lo importante es saber que la ayuda que prestamos tiene que estar en consonancia con las necesidades de quien la recibe, no con los deseos de quien la proporciona.

Prestar ayuda sin haber confirmado qué se necesita y sin haber indagado cuál es la mejor manera de prestarla supone un esfuerzo estéril para quien la provee, con la consiguiente frustración y enfado, a la vez que deja igual o peor a quien la recibe, porque no ha cubierto sus necesidades reales.

En la familia, los padres, muchas veces, son como el hombre blanco del cuento: quieren ayudar conforme a lo que ellos mismos creen que sus hijos requieren, sin escuchar lo que verdaderamente les hace falta, aunque esto no sea fácil de ver a simple vista.

El coaching es un proceso que consigue que sea la propia persona la que se ayuda a sí mismo, ya que trabaja el descubrimiento de las verdaderas necesidades de los padres y de los hijos, y genera sensaciones de satisfacción, motivación, retro alimentación y confianza en uno mismo.

 Pepe Travesí Sanz

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